Cuentos Infantiles

cuentos infantilesLa lectura es una virtuosa actividad que debe ser cultivada desde cuando se es niño, sobretodo por que tiene muchos beneficios en el desarrollo intelectual, artístico y de retención de conocimiento, siendo fundamental el labor de la familia para crear buenos hábitos que apoyen a una persona en su desarrollo desde la infancia. Lo más típico en la literatura infantil es el cuento, un tipo de texto literario que narra una breve historia y donde se pueden incluir dibujos.

Existen muchas formas para generar el hábito de la lectura, lo primordial es comenzar leyendo durante las noches antes de dormir cuentos para niños, o si no es posible, durante algún periodo de tiempo que se tenga libre, de esta forma los niños adquieren un gusto y una costumbre, de igual manera es primordial que un niño tenga textos para leer por el mismo, por lo que en este artículo vamos a incluir una lista que elegimos de pequeños cuentos cortos, escritos sobre temas que dejan una importante enseñanza para la vida de los más pequeños de la casa.

Cuentos Infantiles Cortos

LA RANA QUE QUERÍA SER UNA RANA AUTÉNTICA 

CUENTO INFANTIL DE AUGUSTO MONTERROSO

Había una vez una Rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.

Al principió se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad.

Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.

Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica.

Un día observo que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.

Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena Rana, que parecía Pollo.

TRÁFICO DE SUEÑOS 

CUENTO INFANTIL DE ARTHUR WALEY

Los sueños pueden comprarse, venderse, robarse. El regente Masatoki tenía dos hijas que eran medio – hermanas. La menor soñó que el sol y la luna caían en su regazó. Al despertar se dijó: “Debo preguntarle a Masako el significado de mi sueño”.

Masako era la hermana mayor, versada en la historia, la mitología y la interpretación de los sueños. Mientras oía el relato de su hermana, Masako pensaba: “Qué sueño más extraño”. Y más extraño aún que no sea un hombre sino una mujer la que lo haya soñado”.

Masako sabía que la persona que soñase ese sueño estaba destinada a gobernar un día Japón. Astuta y ambiciosa, decidió apoderarse del sueño y le dijo a su hermana: “¡Pobre de ti! Es un sueño infausto y terrible. Deberías deshacerte de él lo más pronto posible”. La otra le contesto apenada: “¿Cómo se puede uno deshacer de un sueño?” “¡Véndelo!”, respondió Masako. “Pero, ¿quién va a querer comprar un sueño de mal agüero?” “Yo te lo compraré”, dijo Masako. “¿Tú?” “Y como podría yo resistir ver que sobre ti cae la desdicha que me está destinada?” “No te preocupes”, replicó Masako, “los sueños comprados pierden su maleficio”. El precio del sueño fue un antiguo espejo chino. La hermana menor regresó a su habitación diciéndose: “¡Al fin lo tengo! Ya es mío ese espejo que tanto he deseado…”

Sólo muchos años después, cuando Masako gobernó de facto al Japón (1220 -1225), la hermana menor se dio cuenta de lo que había perdido al vender su sueño.

BIGÚ

CUENTO INFANTIL DE ANDRES HENESTROSA

El día que Dios repartió los nombres entres los animales, la tortuga no estuvo presente. Tampoco Noé la encontró cuando anduvo por la tierra juntando a todas las criaturas del Señor, para llevarlas en su arca al cielo. Porque la tortuga vino al mundo después del diluvio.

El agua desprendida del cielo durante la noche larga del Diluvio Universal, fue bajando de nivel hasta que la tierra, desnuda, se tendió a secar al sol.

Entonces Dios mandó a muchos animales a averiguar si era tiempo de que volvieran a probarla. Entre ellos vino el zopilote. No le importó la misión, ni regresó al cielo, sino que se quedó aquí a comer cadáveres.

Un día, entre el lodo, vio animarse un pedazo de barro: era la tortuga. La pobrecita, sin palabras, sin nombres, estaba tres veces sola. Y como el zopilote no había vuelto hablar desde que bajó del cielo, dio rienda suelta a una plática larga que con frecuencia caía el nombre de Dios.

-Llévame a conocerlo –dijo la tortuga. Y rogó largamente.

Pero el zopilote por temor a ser castigado por su desobediencia, se negaba, también largamente.

-Está bien. Sube –dijo por fin, cansado de oír los ruegos de la tortuga.

Abrió las alas. Y en medio de las dos, la tortuga se afianzó.

Había volado unas horas y desde la tierra ya no se distinguiría el nudo negro de sus cuerpos, cuando la tortuga dijo:

-¡Que mal hueles!

El zopilote, que no oyó bien las palabras de la tortuga, ladeó la cabeza, preguntando:

-Dime, ¿estás hablando?

-No –respondió la tortuga

Instante más tarde la tortuga protestó una y otra vez.

Y la tercera protesta la escuchó entera el zopilote. Una racha violenta le ladeó las alas y la tortuga –¡pobrecita!- cayó a la tierra, rompiéndose en cien pedazos.

Cuando Dios bajó del cielo, amorosamente unió sus partes. Y la llamó bigú, que es una forma de bigú, que quiere decir fragmento, polvo, desecho. ¿No han visto ustedes cómo la tortuga tiene el carapacho remendado?


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